Para saber su estado de ánimo basta con verle sus ojos verdes, afirman. Pasó la infancia en un set y ahí sus primeras veces: novia, beso y pérdida. Por un amigo es capaz de hacer lo que sea. Actúa por convicción
Febrero del 2000. Calle de Ohio, a una cuadra de Viaducto. Un desconocido Gael García Bernal está por filmar una secuencia de Y tu mamá también , la cinta taquillera dirigida por Alfonso Cuarón.
Acaba de regresar de Inglaterra, donde estudió actuación y casi nada se sabe de él. En México apenas si se le recuerda por el cortometraje De tripas corazón y su participación en la telenovela El abuelo y yo. Nada más.
Luce el pañuelo de charolastra atado en la cabeza y acaba de platicar sobre su personaje Julio Zapata.
El reportero le pregunta qué otro proyecto trae bajo el brazo y Gael se torna serio.
“Acabo de filmar una película que le va a romper la madre a todo lo que se ha hecho de cine mexicano hasta el momento”, dice sin parpadear, mostrando aún más sus ojos verdes.
Los técnicos que están cerca de él se quedan en silencio.
García añade:
“Se llama Amores perros y la dirigió Alejandro González Iñárri tu”.
La gente cercana se mira entre sí. Minutos después el actor ya se encontraba frente a la cámara y los técnicos que habían escuchado se preguntaban qué podía hacer una película con un título así y dirigida por un locutor de radio.
Tres meses después llegó la respuesta: Amores perros premiada con el reconocimiento de la Semana de la Crítica en el marco del Festival de Cannes.
Gael había tenido razón en su comentario.
Quienes lo conocen dicen que para saber cuál es su verdadero estado de ánimo, hay que verle sus ojos verdes.
Antonio Urrutia, quien lo dirigió en De tripas corazón, corto nominado al Oscar de Hollywood, ha comentado infinidad de ocasiones que el actor es alguien que todo lo expresa con la mirada.
“No necesita hablar, todo lo expresa”, ha dicho.
A eso hay que añadir su capacidad para concentrarse en su papel en pocos segundos, agrega el cineasta.
Durante el rodaje de El crimen del Padre Amaro, el histrión podía estar contando un chiste al equipo de producción, pero tan pronto el director Carlos Carrera lo llamaba al set, su mirada cambiaba y pronto adquiría el personaje de la sotana.
“Me tengo que ir, pero ahorita regreso”, fue una frase que muchas veces se le escuchó en las locaciones.
La vena artística le viene de sangre.
Es hijo de la actriz Patricia Bernal y del director de escena José Ángel García.
Pero cuando tenía 8 años, sus padres se separaron. Tiempo después su mamá formó pareja con el realizador Sergio Yazbek, quien prácticamente vio crecer al actor.
Gael pasó su infancia en el set. Ahí fue donde tuvo a su primera novia, la actriz Ludwika Paleta, a quien conoció cuando ambos grababan la telenovela El abuelo y yo.
En ella dio su primer beso y fue ahí, también, cuando sufrió su primera pérdida: un mechón de cabello arrancado por Paleta durante una riña.
El drama, cuentan integrantes de la producción, fue total. Nadie sabe aún por qué.
Quizá estaba actuando, como cuando para justificar sus llegadas tardías a los llamados de la telenovela, inventaba mil y un pretextos.
Pedro Damián, el productor de la serie, cuenta que entre los pretextos se encontraba que se le había ponchado una llanta al auto que lo transportaba.
A lo que definitivamente jamás llegó tarde fue a los partidos de futbol que se realizaban por el rumbo de la Alberca Olímpica, donde hacía equipo con Diego Luna, su amigo.
De esa época las familias de ambos aún se preguntan si en los partidos los dos le echaban ganas para derrotar al contrario o el objetivo era recibir el menor número de goles posible.
Lo que sí se sabe es que a sus casi 28 años (los cumple el 30 de noviembre) le sigue yendo a los Pumas de la UNAM, como lo demostró en una secuencia de Y tu mamá también, portando la playera del equipo mientras grita: ¡chelas!
Eso, y que por un amigo es capaz de hacer lo que sea.
Así ocurrió hace dos años cuando por sorpresa arribó a la premier de Criminales, en un cine del sur del DF, cinta protagonizada por su amigo Diego.
“Vengo a apoyar, hay que hacerlo, debemos ayudarnos todos”, dijo en aquella ocasión.
Nadie puede decir que Gael es apolítico.
En 2002 sorprendió al mundo durante la ceremonia de entrega del Oscar, en la Meca del Cine, en donde fue presentador, al utilizar el micrófono para criticar a George Bush y la guerra en Irak.
Meses antes había mandado a Vicente Fox una carta en la que le exigía aguantar las presiones estadounidenses.
El año pasado rechazó asistir a la ceremonia, en repudio porque no permitieron al uruguayo Óscar Drexler interpretar su tema “Del otro lado del río”, que ganó en la categoría de Mejor Canción por Diarios de motocicleta.
Hace unos días, cuando se le cuestionó su opinión sobre la construcción del muro en la frontera con Estados Unidos, fue lapidario.
“Es absurdo. Cuánta plata se están gastando en esto en vez de usarla en un plan real de desarrollo… Y la decisión fue unánime; los demócratas también votaron (en favor)”, mencionó Gael.
Su preocupación por un mundo más equitativo también lo ha traslado al cine.
En febrero de este año impulsó la gira ambulante dedicada enteramente a promover comercialmente al documental.
“Muchos actores de televisión, sobre todo en México, podrían prestar sus caras para vender tortillas como lucro personal, o para que no los voten fuera de un concurso…
“La verdad es que si uno quiere ser congruente con uno y con el entorno en el que vive, qué mejor que dar de vuelta lo que te gustaría ver, ejercer tu poder de alguna manera… y es lo que queremos hacer”, explicó durante la presentación del proyecto.
Congruente con eso, Gael comenzó en marzo Déficit, que es su ópera prima como director, a la que espera presentar el año próximo.
Ahora, en la segunda quincena de este mes, Gael estará en México una vez más para presentar el filme La ciencia de los sueños, de la que es protagonista.
A principios de año, cuando se le preguntó su opinión sobre el filme dirigido por Michel Gondry (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos), volvió a expresar sus emociones con los ojos.
Como cuando habló por vez primera de Amores perros.